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Oscuridad

Sé que está ahí, esperándome… puedo percibir su olor a putrefacción.

Puedo sentirlo,  está noche por fin vendrá por mí.

Se suponía que mudarnos a este lugar nos ayudaría a superar la perdida de nuestro querido Nico, una cabaña en el bosque a pesar de trillado parecía el refugio perfecto, sentíamos que nada podía dañarnos más. Buscábamos alejarnos de las personas, de la humanidad tan enferma en la que parecía normal la muerte de un adolescente más. Parecía un buen lugar, pero sólo bastaron algunos días para que la nube de miedo y odio que nos cubría atrajera a ese extraño ser.

La maldad se encapricho con nosotros, de alguna forma fuimos llevados al abismo de dos mundos, ahora entiendo porque Alicia no opuso resistencia cuando eso se la llevó, ¿para que seguir en este mundo tan podrido, tan roto?

No estoy seguro de que encontraré detrás de esa bruma, pero ya no puedo esperar, al menos sé que Alicia me espera ahí… puedo escuchar su voz entre muchas otras más.

Sólo atino a gritar

-Estoy aquí.

En un parpadear el olor a putrefacción se vuelve insoportable, puedo sentirlo, está detrás de mí. Un escalofrío recorre mi cuerpo, siento su aliento en mi nuca y escucho su voz susurrarme al oído. Pero esa voz la reconozco, a veces parecida a la mía pero un poco más aguda, de adolescente… la voz de Nico… llamándome.

Escucho la voz de Alicia de nuevo, entre otras muchas más,  me pide que huya.

Pero lo he comprendido, estoy aquí para redimirnos y terminar con el sufrimiento. Es el momento…

Cierra tus ojos, y ahogado en la oscuridad… Recórrela.

 

Nadia Luna

Nota: los cuentos presentados son tal cual los recibimos, por respeto al autor no cambiamos nada.

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Las cuatro imágenes

¡Ah! El arte, la unión perfecta entre la expresión y la técnica, un mensaje dicho de muchas maneras, cosas que se dicen sin decirse o que se alguien entiende sin que nunca se hayan dicho.  Un día caminando, o tal vez debería decir navegando, encontré cuatro imágenes, cada una de ellas con su propia personalidad pero con un común denominador. Las cuatro me producían algo de nostalgia, invitándome a imaginar, o a recordar diferentes momentos de mi vida.

La bruma se me hace una especie de retrato de mi pasado y mi futuro, un poco como mí camino. Puedo ver y distinguir un paisaje cercano con sus altibajos, pero cuando quiero recodar mi pasado lejano o quiero ver mi futuro lejano las imágenes se desdibujan, se pierden en mosaicos de colores, perdidos entre sueños y de lo que fue y de lo que podría ser.

Los barcos, esos maravillosos barcos que nos permiten viajar. “Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría” reza un viejo proverbio árabe cada barco no sólo es un viaje, también puede ser un libro y sin embargo cada uno de ellos me lleva a un lugar distinto en donde puedo saborear la libertad, la de mi mente con sus propias alas, o mejor dicho mi propia turbina, que me puede llevar tan lejos como yo quiera.

Las otras dos representan retratos uno de mi pasado cuando la juventud y la belleza eran mis mayores defectos, cuando la ignorancia es audacia y cuando el viaje comenzaba; y otra de mi presente y a punto de descansar, sólo puedo decir que viajé, fui y vine, volé y lloré, reí y lloré, y mi conclusión es como Amado Nervo diría y con lo que yo coincido en este momento: “vida nada me debes… Vida estamos en paz”.

Nadia Huerta

Nota: los cuentos presentados son tal cual los recibimos, por respeto al autor no cambiamos nada.

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Afuera adentro

Mujer Luz 12 jun 2013-170

Afuera la orquesta citadina de las dos de la tardes hacia su presentación, cláxones de coches, parloteos, bullicios interminables que se colaban por la ventana. Afuera todo era igual, la vorágine del tiempo seguía su curso habitual. Afuera el mundo no sabía. Afuera, afuera las cosas no cambiaban. Afuera la ignorancia.

Adentro, se estiro recargada en la pared del baño mientras repasaba su plan, él no podía verla y nunca lo sabría. Ahora era el momento nada podía detenerlo ni siquiera ella misma, Respiro otra vez, cerro sus ojos, otro respiro, esta vez más hondo, su corazón palpitaba. Apretó los labios, abrió los ojos y los volvió a cerrar. Bajó sus brazos lentamente y los coloco detrás de su espalda, como apoyándose o como empujándose, luego los dejo caer a su costado. Volvió a abrir los ojos y sonrió. En un movimiento salió del baño. Ella seguía ahí.

 

David Alva Hernández.